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Kuehn BM. Questionable antipsychotic prescribing remains common, despite serious risks
Journal of the American Medical Association (JAMA)
28 abril 2010
Volumen 303 página(s) 1582-4

A pesar de su asociación con riesgos metabólicos y cardíacos graves, los antipsicóticos atípicos son ampliamente utilizados en indicaciones no autorizadas con pocos datos sobre su eficacia. Además, los médicos con frecuencia no siguen las precauciones para reducir estos riesgos.

Según datos de IMS, en 2008 los antipsicóticos fueron los fármacos más consumidos en US, y superan los hipolipemiantes y los IBP. Las ventas de antipsicóticos pasaron de 9,6 mil millones en 2004 a 14,6 mil millones de dólares en 2008. Este éxito comercial sugiere que los antipsicóticos atípicos están siendo utilizados ampliamente más allá de las indicaciones aprobadas por la FDA (hasta hace poco la esquizofrenia o el trastorno bipolar).

Los investigadores especulan que parte del entusiasmo por los antipsicóticos atípicos ha sido motivado por la percepción de que estos fármacos eran más eficaces y tenían menos efectos adversos que sus predecesores. Sin embargo, pruebas contundentes indican que estos fármacos no son más eficaces y se asocian a riesgos graves.

En 2003, la FDA anunció que requeriría a los fabricantes de antipsicóticos atípicos que incluyeran alertas sobre los riesgos de hiperglucemia y diabetes, incluida la muerte, en pacientes tratados con estos fármacos. Además, en las fichas técnicas revisadas se advertía de que los médicos tenían que vigilar la glucemia en pacientes con diabetes o con factores de riesgo de la enfermedad. Las sociedades americanas de psiquiatría y de diabetes también publicaron un documento de consenso en el que se resaltaban los riesgos y se recomendaba vigilar la glucemia (http://care.diabetesjournals.org/content/27/2/596.full).

Las encuestas sugieren que mientras que los psiquiatras conocían la alerta y entendían la importancia del cribado metabólico, pueden influir otros factores, como por ejemplo los pacientes pueden tener acceso limitado al examen o pueden recibir atención de varias fuentes. Además, los pacientes con trastornos tratados con antipsicóticos pueden tener problemas psicosociales que les impide seguir la vigilancia recomendada.

En 2005 la FDA alertó a los médicos de que el uso de antipsicóticos atípicos para tratar problemas de comportamiento en pacientes de edad avanzada aumentaba la mortalidad. Aunque algunos datos sugieren que las tasas de prescripción han disminuido en esta población, su uso para esta indicación es frecuente. En un estudio a partir de registros de 2003 a 2008, antes de la alerta la prescripción de estos fármacos había aumentado un 34% anual en global y un 16% anual en pacientes con demencia (Dorsey ER, et al. Arch Intern Med 2010;170;96-103. Véase ref-87741). Tras la alerta, el consumo global de antipsicóticos atípicos disminuyó un 2% y en personas de edad avanzada con demencia se redujo un 19%.

Los resultados de estudios epidemiológicos recientes sugieren un cambio sustancial en el patrón de prescripción de los antipsicóticos de segunda generación, incluidos los efectos sobre la prescripción a pacientes con indicaciones diferentes de la demencia. Se requiere más investigación sobre el impacto de estas alertas y cómo podrían mejorar.

Un segundo estudio, publicado simultáneamente, registró tasas elevadas continuadas de prescripción en 2006 (Chen Y, et al. Arch Intern Med 2010;170:89-95. Véase ref-87740). En una muestra de más de 16.000 ancianos ingresados en residencias se halló que un 29% de los residentes recibieron al menos un antipsicótico en 2006; de éstos, un 32% no tenían indicación para ello.

Otros hallazgos sugieren que continúa la extensa prescripción en indicaciones no autorizadas: un análisis de los datos de prescripción mostró que un 60,2% de los 279.778 personas tratadas con al menos un antipsicótico en 2007 no tenía registrado el diagnóstico para una indicación aprobada por la FDA. Y los costes de esta utilización son enormes. Esto es difícil de justificar, especialmente cuando se dispone de tratamientos con buenas pruebas para las enfermedades mentales.

Los antipsicóticos se han sobreutilizado ampliamente. Se necesitan esfuerzos para educar a médicos sobre mirar las pruebas disponibles y los prescriptores necesitan tener más cuidado y restringir mediante terapias psicológicas.