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Última actualización: 17/6/2019
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Anderson GM, Juurlink D, Detsky AS. Newly approved does not always mean new and improved
Journal of the American Medical Association (JAMA)
2 de abril 2008
Volumen 299 nº 13 página(s) 1598-600

"Las compañías farmacéuticas están en el negocio para hacer dinero, y hacen dinero mediante la comercialización de nuevos fármacos. Esta afirmación no es un juicio de valores, sino un mero hecho."

"La historia de los coxibs y los antipsicóticos atípicos subraya cómo la vía para llegar a ser un medicamento blockbuster (con ventas superiores a 1.000 M$ al año) sigue a menudo una ruta diferente de la prevista por los reguladores. Los antipsicóticos atípicos fueron inicialmente comercializados para el tratamiento de la esquizofrenia. Sin embargo, pronto se popularizó su empleo en el tratamiento de síntomas de comportamiento de la demencia, a pesar de que esta indicación no ha sido nunca aprobada en Estados Unidos."

"Los coxibs fueron inicialmente comercializados para el tratamiento de pacientes con artritis reumatoide o artrosis, y a continuación para el tratamiento del dolor agudo... sus ventas crecieron rápidamente, y aunque el uso de los demás AINE disminuyó ligeramente, la suma de los selectivos y los no selectivos sobre la COX-2 fue muy superior a las cifras de consumo de los AINE no selectivos anteriores a la comercialización de los coxibs."

En ambos casos una campaña agresiva de comercialización explotó el temor a los efectos indeseados de otros fármacos (los antipsicóticos convencionales y los AINE convencionales, respectivamente) y la idea de que estos fármacos eran más seguros que los que los habían precedido.

"La percepción que los nuevos fármacos son mejores que los antiguos es reforzada por el instinto natural de los consumidores, que correlaciona directamente el precio más elevado con mayor calidad... A menudo el precio no es una barrera para el consumo, porque el usuario del medicamento no lo paga, de modo que se crea la ilusión de que nadie paga."

Posteriormente se han publicado resultados que indicarían que los antipsicóticos convencionales más antiguos se asocian por lo menos a la misma mortalidad, si no a una más elevada, que los atípicos más nuevos (Schneeweiss S, Setoguchi S, Brookhart A, Dormuth C, Wang PS. Risk of death associated with use of conventional versus atypical antipsychotic drugs among elderly patients. CMAJ 2007;176(5):627-32); (Gill SS, Bronskill SE, Norman SL, et al. Antipsychotic drug use and mortality in older adults with dementia. Ann Intern Med 2007;146(11):775-86.). Lo mismo ha ocurrido con los AINE (US Food and Drug administration. Analysis and recommendations for agency action regarding nonsteroidal antiinflammatory drugs and cardiovascular risk. J Pain Palliat Care Pharmacother 2005;19(4):83-96.).

Muchos sectores alimentan el desarrollo de estos nuevos mercados. Los médicos están contentos porque cuando usan las últimas novedades farmacológicas se sienten puestos al día. Los pacientes están contentos porque creen que tienen acceso a los medicamentos más modernos y mejores. Las compañías farmacéuticas están sin duda contentas porque pacientes y médicos contentos les convienen. Las mutuas privadas que financian estos medicamentos, a pesar de que intentan gastar bien el dinero, se limitan a trasladar los costes incrementales a los asegurados. Los seguros sociales se resisten a la financiación de nuevos medicamentos, pero lo hacen por temor a las críticas públicas y la publicidad negativa.

Dada la naturaleza "ganador-ganador-ganador" de un grupo de nuevos fármacos blockbuster, ¿quién es responsable de las culpas por la seguridad de los medicamentos, que sólo será conocida con el beneficio de la duda? [Y siguen unas palabras de exculpación de la responsabilidad de los reguladores, como "no se les puede hacer responsables de garantizar la seguridad cuando los fármacos son usados en poblaciones diferentes o para indicaciones no aprobadas"].

Se cita asimismo la responsabilidad de los directores de revistas médicas, médicos y pacientes.
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